No es solo una pantalla: es un espacio para la comunidad. Un lugar para compartir, pero también para respirar. Porque cuando la tecnología se diseña pensando en su impacto, una pantalla deja de ser solo eso y se convierte también en un pequeño bosque.
Hace unos días inauguramos en la Universidad Javeriana la renovación tecnológica de la plazoleta de arquitectura. El objetivo: convertir este espacio en un punto de encuentro para toda la comunidad educativa, donde puedan pasar cine, conciertos, ferias, muestras de arte y todo lo que la imaginación de estudiantes y docentes se atreva a proponer.
¿Cómo lo logramos? Con la tecnología instalada:
Tanto la pantalla como los altavoces están diseñados para resistir la lluvia y las condiciones climáticas del espacio donde están instalados.
¿Sostenibilidad como valor agregado para la comunidad?
Sí. Pero también sostenibilidad económica: una pantalla autolimpiable reduce los costos de mantenimiento, y unos altavoces hechos para durar años liberan recursos que antes se destinaban a mantenimiento o a la renovación tecnológica proyectada cada 5 años. Ese dinero ahorrado, la universidad puede invertirlo en adecuar nuevos espacios y equipar más aulas con tecnología que atraiga a los futuros estudiantes.
Parece un proyecto sencillo, pero detrás hay un trabajo profundo: la universidad no solo evaluó la calidad de los equipos, sino el impacto real de la tecnología instalada. Su apertura a explorar nuevas marcas que combinan la calidad tecnológica con el compromiso de la universidad ser carbono neutro y liderar la construcción de espacios atractivos para la comunidad educativa hace de este proyecto un referente para otras universidades en Colombia.